Una de las principales preocupaciones del hombre es el envejecimiento y el consiguiente deterioro físico. Uno de los factores determinantes de este deterioro físico en la vejez es la disminución del nivel de actividad física. A medida que envejecemos nos volvemos más sedentarios y este menor nivel de actividad hace que perdamos capacidades y habilidades físicas.
La práctica de actividades físicas de manera regular, es una de las prioridades de la salud pública, como forma de prevención de enfermedades crónico degenerativas, especialmente en la Tercera Edad.
Los principales beneficios evidenciados científicamente son: control del peso corporal, disminución de la grasa corporal, aumento de la masa muscular, fuerza muscular, flexibilidad y densidad ósea, aumento del volumen sistólico, ventilación pulmonar, consumo máximo de oxigeno, disminución de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, mejora del perfil lipídico.
A causa de todos estos beneficios, mejora el bienestar psíquico, ya que se mejora y recupera el autoconocimiento, autoestima, imagen corporal, siendo a la vez, la causa de una disminución del stress, ansiedad, insomnio y del consumo de medicamentos, mejora además las funciones cognitivas y de la socialización.
En esta etapa de la vida, están indicadas de preferencia, las actividades aeróbicas de bajo impacto, como caminar, nadar, bailar, la hidrogimnasia o bicicleta. El entrenamiento de fuerza es fundamental y puede ser prescrito con algunos cuidados inclusive en individuos hipertensos o con problemas cardiovasculares.
El entrenamiento periódico, mejorar la fuerza muscular, logrando así, mayor independencia funcional, mejorando la velocidad en el andar y el equilibrio. Otro de los muchos beneficios es, una disminución notable de la depresión, aumenta la densidad ósea y evita las caídas.
Existen algunas situaciones clínicas específicas en que el entrenamiento de fuerza muscular debe ser prioritario al entrenamiento aeróbico como en los casos de artritis severa, limitación de la movilidad articular, amputación y pacientes con problemas de locomoción.
Para continuar con una total independencia funcional, la prioridad es la variabilidad de las actividades físicas. Entrenamiento de la fuerza muscular, equilibrio, entrenamiento aeróbico, movimientos corporales totales y cambios en el estilo de vida.
El cambio de estilo de vida, es vital, en donde el anciano suba escaleras, permanezca más tiempo de pie, haga contracciones de la musculatura abdominal y perineal cuando está sentado, cuide del jardín, de su casa y evite usar el control remoto.
Un ejemplo de conducta, optimismo y perseverancia, es la del cpn Efrain Wachs, que a sus 92 años, nos brinda a todos, un mensaje alegre y esperanzador, invitandonos a transitar por el sendero de la salud mental y física, el amor a la vida y el amor a DIOS.