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Hermafroditas
El Drama De Los Chicos Que Nacen Andróginos

Hermafroditas - El Drama De Los Chicos Que Nacen Andróginos

Es un término que se refiere al hecho de presentar en forma simultánea características correspondientes a ambos sexos, es decir, aquella persona que posee tejido testicular y ovárico en sus gónadas, lo cual origina anomalías somáticas que le dan la apariencia de reunir ambos sexos.

 

Nombres Alternativos: Intersexual; hermafrodita; seudohermafroditismo; hermafroditismo, Andrógino.

 

Causas, Incidencia y Factores de Riesgo

 

El hermafroditismo verdadero es una condición en la que se presentan tanto los tejidos reproductivos ováricos (genitales femeninos) como testiculares (genitales masculinos). Dicha condición es relativamente rara y no se ha comprendido aún muy bien. El seudohermafroditismo, en cambio, es más común.

 

Desde el punto de vista médico, el hermafroditismo sugiere dos factores:

 

Genitales externos ambiguos

Genitales que pueden no corresponder a la composición genética de la persona (por ejemplo: genitales femeninos en un paciente genéticamente masculino)

 

Las siguientes condiciones pueden producir la aparición de genitales ambiguos y hermafroditismo:

 

Hiperplasia suprarrenal congénita

Exposición fetal a las hormonas sexuales

Síndrome de feminización testicular

Disgenesia gonadal XY

Agenesia gonadal XY

Anomalías cromosómicas

Criptoftalmos

Smith Lemli Opitz

Síndrome del 4p

Síndrome del 13q

 

El problema asusta y genera rechazo. Actualmente se discute si conviene operar a estos niños tempranamente o esperar que ellos decidan. El caso de Beto es un ejemplo de lo que puede pasar.

 

Un bebé con genitales ambiguos provoca angustia. Y no sólo en el ámbito de la familia sino también en el médico. De inmediato exige que se pongan en marcha los mecanismos diagnósticos y terapéuticos que permitan confirmar el sexo de crianza que tendrá el niño. “En el hermafroditismo verdadero (rarísimo), el individuo presenta tejidos ováricos y testiculares al mismo tiempo, en el pseudohermafroditismo hay discordancia entre los caracteres fenotípicos (aspecto físico) y el sexo genético y gonadal (ovarios o testículos)”, explicó la doctora Ana Maria Toranzos, del Servicio de Adolescencia del Hospital de Niños Dr. Pedro de Elizalde a Clarín.com.

 

Tal es el caso de Beto. Cuando nació fue anotado como Geraldine porque su sexo cromosómico (46XX) y gonadal (tenía ovarios) era femenino, pero luego, su familia y amigos lo trataron como un varón, supuestamente porque su sexo fenotípico era masculino. Ya en su preadolescencia tenía voz grave, sombra de barba y musculatura desarrollada en sus piernas, brazos y espalda. El caso llegó al Hospital de Niños Pedro de Elizalde hace unos años, cuando Beto tenía 13. Un equipo interdisciplinario que incluyó médicos clínicos, dos psicólogas, endocrinólogos y una asistente social, se planteó el debate. Estaban quienes priorizaban la presencia de genitales internos femeninos y la posibilidad de cambiar el fenotipo (voz, barba, etc.) con tratamiento corticoideo y los que tenían la visión opuesta que hacían hincapié en el sexo de crianza y el reclamo de Beto por tener un nombre y una identidad masculina.

 

Según datos de la Maternidad Sardá entre 1988 y 1996, la incidencia de recién nacidos vivos con genitales ambiguos era de 1,7 entre 10.000. El doctor Ignacio Bergadá, endocrinólogo infantil del Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez, explicó que el caso de Beto, como “el 50 por ciento de los estados intersexuales se deben a una hiperplasia suprarrenal congénita”. Las causas van desde una deficiencia en la producción de hormonas específicas, hasta anomalías en los cromosomas. Aunque Beto no fue operado, la gran mayoría de los hospitales del mundo continúa recomendando y realizando la cirugía de “normalización” durante el primer año de la vida de un niño.

 

Pero desde el 2001, en Houston, EE.UU. existe un grupo inusual que incluye un psicólogo, un urólogo, un genetista, un endocrinólogo y un especialista en bioética cuya misión es aconsejar a los padres de estos bebés a vivir con la “indefinición” hasta que el paciente pueda elegir. “La manera que adquirimos una identidad de género es enormemente compleja”, explica la psicóloga Mónica Intraub. La existencia de estos equipos significa que están tomando al niño como “sujeto” y están pensando no sólo en cómo manejar la ambigüedad sino en darle a este “bebé” la posibilidad de que, cuando entienda cuál es la situación, elegir. Una nueva visión que refleja un cambio radical con la respuesta médica brindada desde hace 50 años, donde los profesionales se esfuerzan por “fijar” el sexo de estos pequeños lo más tempranamente posible.

 

Sin embargo, Juan Jorge Heinrich, jefe de la División de Endocrinología del Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez, confiesa que no hay elementos científicos que avalen este tipo de interpretaciones. “Hay que ver cuál es el daño que produce tanta ambigüedad. Creemos que puede ser mayor que darle seguridad”, asegura. Ana Maria Toranzos, la doctora que atiende a Beto, coincide con él: “No se debe asignar el sexo hasta no saber el resultado del estudio cromosómico pero la cirugía reconstructiva siempre debe ser precoz”. En el caso de Beto, los padres tuvieron un diagnóstico poco después del nacimiento, se indicó un tratamiento y se propuso la cirugía; sin embargo ellos no concurrieron más al hospital por lo que el niño siguió con su aspecto masculino y adquirió una identidad de género social y psicológico irreversible.

 

Muchas de las voces de disconformidad respecto a la cirugía reconstructiva están relacionadas con pacientes que no hay quedado conformes. Cientos de adultos que fueron sujetados a las asignaciones físicas y que han divulgado sus experiencias en Internet, manifiestan su rabia por la “destrucción” de la función sexual. Por ejemplo, en el Site de la Intersex Society Of North America se cuenta el caso de Cheryl Chase a quien se le diagnosticó “hermafroditismo verdadero” y se le practicó una “clitorectomía” a los 18 meses; cambiando de Charlie a Cheryl. A los 36 años confesó que se enteró lo que le había pasado porque no disfrutaba sexualmente y aún hoy se pregunta: “¿Qué hubiera sido de mi vida si se me hubieran permitido mantener mis genitales intactos?”.

 

“No hay que olvidarse que mucha gente ve al hermafroditismo como una aberración” afirma Bergadá. Por esta misma razón se le solía ocultar al paciente su diagnóstico, algo que en la actualidad está cambiando. El caso de Beto es, otra vez, un ejemplo de lo que puede suceder. Una vez que concurrió al tratamiento tenía dos inquietudes claras: ir a la escuela y que le cambiaran el documento. A los dos años de iniciada la terapia los médicos decían que el paciente ya comprendía de qué se trataba su enfermedad y trabajaba duramente para reafirmar la identidad masculina que había asumido. Para una etapa posterior, se habían planteado las intervenciones quirúrgicas necesarias para realizar la corrección de sus genitales ambiguos.

 

Mariana Nisebe. De la Redacción de Clarín.com

 



 
Autor: SitioSalud.com
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